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martes, 24 de abril de 2012

Como exitar a una mujer con palabras - El lenguaje de la seducción

¿Quieres saber qué decirle a una mujer para excitarla rápidamente?

Seguro que nunca te has visto en la situación de buscar las palabras correctas para excitar a una mujer… ¿o sí?

Por ejemplo, imagina que tienes delante de ti a una chica que te atrae y que no conoces. Tiene todo lo que a ti te gusta y sin embargo, si no sabes qué decirle -o por lo menos cómo empezar la interacción- entonces es muy probable que no vuelvas a verla y hayas desperdiciado por completo tu oportunidad de conocerla.

Así es la vida, no te espera, y si estás buscando que sea ella la que venga a hablarte a ti, te tengo noticias: a menos que seas ridículamente atractivo (estúpidamente atractivo, diría yo) -e incluso en esa situación- las mujeres rara vez son las que dan el primer paso.

Algunas porque prefieren que sea el hombre el que de el primer paso, otras porque así aprendieron a seducir: atraer antes que ir a buscar al hombre de sus sueños. Incluso muchas mujeres simplemente no van a hablar con un hombre que les gusta por la misma razón por la que muchos hombres tampoco lo hacen y esa razón es lo que algunos llaman “miedo al rechazo”.

Pero existe también la situación en la que estás con una chica que ya conoces y que te gusta y simplemente no consigues hacer que se sienta excitada; no sabes qué decirle ni cómo decírselo y te cuesta trabajo incluso empezar a pensar en cómo vas a hacer para llevarla a la cama.

Esto ocurre sobre todo cuando no tienes suficiente práctica. Y no encuentras las palabras para excitar a la mujer que te gusta. Pero no siempre se trata de encontrar las palabras correctas. De hecho, muchas veces la seducción empieza desde mucho antes de que abras la boca.

excitar a una mujer sin hablar

Piensa en la primera impresión.

Estás en una bar o una disco, en algún lugar con música fuerte y ves a una chica que quizá baila o quizá está platicando alegremente con sus amigos. La miras y ella te mira de vuelta.

Cuando se da cuenta de que la estás mirando tienes dos opciones (en realidad tienes muchas opciones pero aquí sólo te hablo de dos de ellas porque creo que son dos de las más “opuestas”), una es voltear hacia otro lado, cosa que casi todos los hombres hacen y que no consigue muy buenos resultados –de hecho casi nunca consigue ningún resultado otro que simplemente dejar pasar la oportunidad- y la otra opción es sonreírle.

Cuando le sonríes le haces saber que ella te gusta y que eres una persona agradable, además de que es una invitación a ser parte de tu mundo –aunque sea por un momento- y demuestra que te estás divirtiendo.

Pregúntate: ¿Prefieres conocer a alguien que se está divirtiendo o prefieres conocer a alguien que se está quejando y aburriendo? Y así, con una sonrisa, empieza el juego de la seducción.

Muchas veces nos preocupamos tanto por el “qué le digo” porque queremos causar una buena impresión pero muchas veces al concentrarnos tanto en esa pregunta muchas veces dejamos pasar algo muy importante sin darnos cuenta de lo evidente. La obviedad esquiva.

Me refiero a todo lo que está más allá de las palabras. Por supuesto, las palabras importan, pero lo que más importa es cómo las dices.

Y no me refiero a solamente el tono de tu voz o a la velocidad y cadencia con la que hablas. Me refiero a tu postura, tu manera de mirarla, tu manera de hacer contacto con ella y todo lo que está alrededor de las palabras que dices.

En este sentido, podemos aplicar la ley de Pareto a la comunicación. La ley de Pareto es un modelo económico que dice que el 80% de la riqueza es producido por el 20% de las personas –aunque muchas veces la relación se acerca más al 90/10 que al 80/20-. Esta ley se aplica a muchas otras cosas además de la economía, por ejemplo a la comunicación. 80% de lo que comunica es dicho por 20% de lo que dices y expresas.

De hecho, aunque los porcentajes no son para nada exactos, la gran mayoría de lo que expresas lo haces sin utilizar palabras, como por ejemplo tu estado de animo e incluso cómo te sientes con respecto a ella. Si te sientes cómodo al hablar con una mujer, ella lo puede sentir. Si no te sientes cómodo, ella también lo siente.

La cosa es que estamos tan acostumbrados a pensar en palabras que muchas veces buscamos alguna frase o algún “abridor” que nos sirva por ejemplo para iniciar una conversación con una desconocida e incluso a la hora del sexo queremos alguna frase que nos sirva para excitar a las mujeres.

Déjame decirte esto: aunque hablar “sucio” a una mujer durante el sexo puede ayudar a que ella se excite mucho más y mucho más rápidamente, en sí, lo que excita a una mujer no son las palabras sino, entre otras cosas, tu manera de tocarla y todo lo que la haces sentir.

Piensa en cómo los seres humanos somos la única especie animal que sabe hablar y al mismo tiempo somos la única especie animal que es capaz de padecer de disfunción eréctil no-orgánica, lo que significa que somos los únicos capaces de no excitarnos en una situación sexual incluso cuando no existe una razón física para ello.

¿Por qué? Pues bien, por un lado, porque estamos “pensando” demasiado en palabras –cuando el sexo es algo menos “cultural” y más “animal” que la mayoría de las cosas que hacemos- y por otro lado porque hemos aprendido muchas veces a inhibirnos porque aprendemos que “el sexo es malo” pero es no es cierto.

La sociedad permite que los jóvenes vean películas violentas en las que la gente muere de manera sangrienta y en las que asesinos en serie acaban con sus victimas una tras otra, permiten videojuegos en los que puedes matar y lastimar y eso “no está mal”. Muchas veces se trata de películas que pueden ver los adolescentes e incluso los niños. Pero cuando hay sexo en la pantalla -incluso a veces con un desnudo frontal es suficiente- la sociedad lo censura.

Nos programan para pensar que el sexo es malo y para no sentirnos a gusto con nuestro cuerpo.

El cuerpo humano es algo bello, ya sea que se trate de un cuerpo gordo, flaco, grande, pequeño, blanco, negro o amarillo, curvilíneo o cuadrado… el cuerpo humano no es algo que debiéramos ocultar como algo vergonzoso y sin embargo la sociedad nos enseña a hacerlo.

No es sorpresa entonces que muchos tengan problemas a la hora de mostrarse desnudos delante de los demás.

La cosa es que si quieres aprender a excitar a una mujer primero tienes que aprender a conocer tu propio cuerpo y el cuerpo de ella.

No se trata de aprender palabras de memoria o de conocer el nombre de todos los huesos y de asistir a clases de anatomía, no. De lo que se trata es de aprender a sentir y disfrutar de tu propio cuerpo y sobre todo de tu propio cuerpo en presencia de otros cuerpos. De lo que se trata es de aprender a sentir y moverte, a controlar tus acciones y tu voz, la manera en la que comunicas utilizando todo lo que está más allá de las palabras.

Piensa en los animales y cómo los animales logran excitar a sus hembras -y viceversa- sin necesidad de palabras. Te puedo asegurar que con un cambio incluso tan pequeño como este puedes conseguir mejorar tu desempeño sexual y tu capacidad para excitar a las mujeres de gran manera y mucho más rápidamente de lo que crees.

Aprender cómo excitar a una mujer es un poco como aprender a conducir una bicicleta o como aprender a caminar o aprender a hablar o conducir. No se trata de aprender frases de memoria sino de aprender las diferentes habilidades que puedes combinar de diferentes maneras para producir el resultado que tú quieres.

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Rogelio Consejo -- http://academiadeseduccion.net

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